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lunes, 30 de abril de 2012

Por la Serranía de Cuenca

Dejo la Ciudad Encantada y tras una charla con la Guardia Civil varios coches nos decidimos a ir a el Nacimiento del Río Cuervo que bajo un manto de nieve es un lugar muy bonito. Se sitúa junto a Vega de Codorno a 1.490 metros de altitud. En 1999 fue declarado Monumento Natural. En su entorno encontramos formas típicas de modelado kárstico como travertinos, lapiaz, dolinas, simas.
Las surgencia del Río Cuervo se sitúa en el límite entre unas Calizas y Conglomerados y areniscas del Cretácico Superior. A medida que asciendes por el sendero hasta el nacimiento se pueden ver tobas y travertinos espectaculares.




Pero todavía el día iba a deparar algo aún mejor, del Nacimiento del Río Cuervo sale un sendero de 2 kilómetros, pero quizás estos dos kilómetros están entre los mejores kilómetros que yo he recorrido, y ya llevo kilómetros en las piernas. La Senda de la Turba, se adentra en un imponente bosque de pinos que por la nevada de la noche anterior tienen un aspecto especialmente bonito. Decido hacer esta ruta tras una duda de 0,3 segundos y . . . . que maravilla, toda la ruta solo en medio de un impresionante bosque de pinos con un silencio tan solo roto por el canto de los pájaros y el murmullo del agua de fondo y sin a veces sin ver la siguiente baliza que marcaba el recorrido, un lugar donde el tiempo se para, se respira una paz y una tranquilidad inpresionante, un momento de armonía con la naturaleza, joder que hasta me emocioné y todo. Sin duda el momento más bonito de todo este viaje y que recordaré toda la vida. La ruta toma el nombre de turba pues pasa por una turbera perfectamente marcada y sin peligro.




Una vez pasado este maravilloso momento me dirijo de vuelta a Cuenca, no sin antes hacer algunas paradas en lugares también muy interesantes como la Laguna de Uña, está formada por el cierre de un dique fluvial del Arroyo del Rincón, afluente del río Júcar. En la actualidad, la Laguna de Uña forma parte del Parque Natural Serranía de Cuenca.





Y el Ventano del Diablo, un impresionante mirador abierto al precipicio desde donde se contemplan increíbles vistas de la Hoz de Júcar, con un desnivel de doscientos de metros. El nombre proviene del lugar donde el Diablo arrojaba al río a todos aquellos que se acercaban a mirar a través de los ventanales que forman los salientes de las rocas. Es un espectáculo impresionante. Por cierto ha sido toda una gozada conducir por estas carreteras, es un espectáculo.




Hay más fotografías en mi 
ALBUM DE FOTOS de PICASA.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias. Acá va algo relacionado:

*** Si amamos la montaña, no la convirtamos en un cementerio, por favor ***

Creo que muchos de los que vamos con más o menos frecuencia a caminar por el monte queremos la naturaleza y disfrutamos de ella. Nos suele gustar estar allá tranquilos, disfrutando del silencio o del susurro del viento o piar de los pájaros, ... Y nos gusta ver los árboles, rocas, el verde de la hierba, la variedad de ocres de la hojarasca, .... Vamos, que nos gusta dejar de lado, al menos durante unas horas, todo lo contrario que nos brindan las ciudades: ruido, prisas, movimiento, objetos de fabricación industrial, basura, ...

Y, si respetamos o nos sentimos parte de las montañas y pasamos parte de nuestra vida en ellas, es normal que algunos muramos en tan querido lugar para nosotros. Otros fallecemos fuera de ella pero tenemos dicho (o escrito) a familiares y amigos que, por favor, el día que pasemos a mejor vida dejen o esparzan nuestras cenizas en tal o cual monte, sierra, bosque, etc. En otros casos puede pasar que la persona no dijera esto en vida pero quería la montaña en general o un rincón de ella en particular y los allegados toman la decisión de colocar las cenizas en el monte. Todo esto me parece lógico y bien.

Pero en nuestros queridos montes cada vez uno se encuentra con más cruces, lápidas, estelas, esculturas o similares; de hierro o piedra, etc.; a menudo con placas; en memoria de personas que han fallecido por esa zona o bien murieron en otro lugar pero gustaban de ese sitio o de la montaña en general. Y, ya que cada vez somos más personas en la sociedad y montañeros caminando por las alturas, esto parece que va en aumento.

Esto último no creo que sea una buena idea ya que, los montañeros del futuro, tendrán más difícil disfrutar de lugares que parezcan intactos, sin alterar por la mano del hombre. Si la tendencia no se revierte algunas zonas pueden parecer cementerios o museos, ¿no? Y creo que esto rompería la armonía visual y física natural de dichos lugares, la que solemos buscar por ellos.

Yo creo que la naturaleza puede beneficiarse de cenizas que pasan a formar parte del suelo o tierra que nutre la hierba, plantas, arbustos, árboles y luego pasan a incorporarse a herbívoros, después a carnívoros, ...

Pero no creo que "hacer vudú" sobre la piel de las montañas les agrade mucho a ellas tampoco ...

Yo tengo pedido que pongan mis cenizas en el monte pero que no dejen ningún elemento extraño en ella. Las cenizas cierran o abren ciclos de vida, y es un honor poder formar parte de ello. Pero los monumentos tardan muchísimo más en biodegradarse ... Algo contaminantes parecen ser entonces ...

Se me ocurre que quien quiera poner un monumento en memoria de alguien cuyas cenizas se coloquen en el monte coloque el objeto conmemorativo en su casa, cementerio de su población o de una aldea cercana a la montaña con las cenizas, alguna calle de dichos pueblos, ... Pero no en las zonas sin casas, ni farolas, ni coches, etc., por favor.

Gracias y salud y paz para todos

Sacado de http://www.nevasport.com/phorum/read.php?87,2849128 (se puede opinar ahí mismo libremente; no hace falta registrarse)