Durante décadas sólo circularon por esta zona los trenes de la empresa MZA, pero hubo algo que atrajo el interés de los empresarios ferroviarios: las minas de fosfatos de Logrosán, puestas en explotación a partir de 1917. Este mineral, concretamente el fosfato tricálcico, se reveló como un auténtico milagro para la agricultura, y la mina “La Costanaza”, recomendable su visita, fue todo un hito a escala nacional, de sus galerías se extrajo, hasta su cierre en 1946, el 50% del total de la producción española de estos fertilizantes. Por ello se estimó muy interesante el conectar estos pozos al resto de la red ferroviaria.
Tamo 1: Villanueva de la Serena - Palazuelo.
Arrancamos en la estación de ferrocarril de Villanueva de la Serena, desde dicha estación caminamos paralelos con las vías del tren por la calle José Gallardo y el Paseo Castelar y a la ronda de la Hispanidad.
Realizamos un giro a la derecha y se sumerge en una profunda, húmeda y roja trinchera ferroviaria, en cuya salida adquiere la apariencia de una larguísima recta dibujada entre campos agrícolas, huertas, salteadas casas de labor y chalés. La linealidad del trazado ferroviario se interrumpe ante una ancha y compacta pista de tierra transversal, la ruta abandona el rastro original del ferrocarril, gira a la derecha y continúa por esta pista de tierra.
La pista de tierra se torna en camino asfaltado que sube al collado del Ventorrillo, la vía verde baja en busca del Río Guadiana, avistándose ya los imponentes viaductos, el descenso y el asfalto concluyen al alcanzar el primer viaducto férreo, conectando así nuevamente con el trazado ferroviario original. Ya estamos en la auténtica vía férrea.
El paseo sobre la Vega del Guadiana es algo impresionante y deja paisajes que inmortalizamos en bonitas fotos, continuamos por paso inferior bajo la carretera N 430 que da paso a un amplio panorama formado sólo por campos de labor. La vía verde pronto atravesará el homogéneo paisaje de los encharcados arrozales de Palazuelo.
En el km 9,6 aparece la ruinosa Estación de Rena y, más allá, su almacén de carga rematado por nidos de cigüeña, la vía gana altura junto a los frutales alineados que se extienden a ambos márgenes y, progresivamente, se convierte en el terraplén que aborda el puente sobre el río Gargáligas.
En el km 13 se levanta el paso superior de la carretera que lleva a la pedanía de El Torviscal, situada a unos 300 metros de la vía verde, donde paramos para tomar algo y visitar la localidad y en el km 17 aparece otro paso superior de carreteras, tras el cual la cortina vegetal de chopos y eucaliptos que puebla el río Ruecas. Llegamos al fin de la primera etapa en Palazuelo, lugar que visitamos y que en ese momento estaba en fiestas.
Arrancamos este tramos en un día de otoño casi invierno, cubierto con algo de niebla, pero que al final de la mañana acabó despejando. Comenzamos en el kilómetro 17 y ya en torno al kilómetro 19 la vía pasa a la provincia de Cáceres y se encuentra con la estación de Campo Lugar. De vistoso ladrillo, el fantasmal edificio de viajeros aún conserva cierta prestancia. El almacén se encuentra cubierto con nidos de cigüeña y el área de descanso ofrece al viajero un lugar para hacer un alto en el camino. Llegados a este punto, la vía gira y se adentra en dos largas y altas trincheras de blandas paredes cubiertas por retamas, jaras, zarzas y lavandas, un mirador de excepción sobre el río Ruecas con fresnos, encinas, espadañas y eucaliptos. Luego, vira a la derecha, se recuesta en la ladera del cerro de la Dehesa y llegamos en una infinita recta allanada sobre terraplenes y trincheras. Y aquí comenzó el maravilloso espectáculo de grullas que nos visitan por esta época., cigüeñas, alguna perdiz, garzas y una nutria que se nos cruza en el camino.
Impresionados seguimos caminando hasta encontrarnos el despoblado de Cristóbal Colón sobre el kilómetro 23, se trata de un pueblo de colonización surgidos del Plan Badajoz. Cada población contaba con una sus tierras de labor. Se hablaba del módulo “carro”, la distancia máxima que un campesino podía cubrir en carro para ir a su terruño. Algunos de estos pueblos han evolucionado y gozan de gran vitalidad, otros fracasaron estrepitosamente y terminaron despoblados como es el caso de Cristóbal Colón.
Se cruza sucesivamente el Canal de Orellana, su camino de servidumbre y el puente sobre el río Ruecas, en el kilómetro 25. El agua del canal pasa bajo la vía gracias a un sifón y continúa fluyendo por un canal que se alarga hacia Madrigalejo, situada a 4 km de la vía verde.
En este tramo se cruza sucesivamente el Canal de Orellana, su camino de servidumbre y el puente sobre el Río Ruecas. El agua del canal pasa bajo la vía gracias a un sifón y continúa fluyendo por un canal que se alarga hacia Madrigalejo. Esta localidad, situada a 4 km de la vía verde.
Asistimos a un nuevo cambio de paisaje, retornan los llanos campos sembrados de arroz; campos que, ahora, la plataforma ferroviaria atraviesa sobre un mediano terraplén con vistas, allá a lo lejos, al muro que retiene al Río Pizarroso en el embalse de Sierra Brava, formando un ecosistema de gran relevancia por la presencia de patos, fochas, cigüeñuelas, garzas, garcillas bueyeras, grullas o cigüeñas blancas.
¡Todo un Espectáculo!
Un pasarela metálica sobre la carretera EX-355 y ya se ve la estación de Madrigalejo, a partir de la cual la ruta se enfrenta a una nueva larga y llana recta trazada en la Zona de Especial Protección para Aves denominada Llanos de Zorita y Embalse de Sierra Brava. Caminamos por la dehesa del Monte, alfombra de blancas y amarillas flores primaverales donde las cigüeñas copan el ramaje de las encinas, las ovejas pastan y resuena el cuco.
Con estas llegamos al Lago de del Hitos a la izquierda, que ha modificado el trazado de la vía original y a la derecha una planta termosolar Termosol.
Atrás queda definitivamente el arroz y la llanura. Al frente, la larga y llana recta se adentra en un terreno suavemente ondulado de adehesado encinar, un ecosistema elegido por gran parte de las grullas comunes para pasar el invierno. Las grullas comunes prefieren para el invierno las buenas temperaturas. Por ello han estableciendo su segunda residencia preferentemente en las comarcas de las Vegas Altas del Guadiana. Ni más ni menos, 2.000 km de aleteo y largos planeos térmicos, son los que realizan para pasar un tercio del año en el ecosistema que tanto les gusta.
Afrontamos los últimos diez kilómetros de esta Vía Verde en un día espléndido de finales del invierno, con un cielo totalmente despejado y una temperatura agradable para hacer esta ruta que nos adentra en una bonita dehesa entre ganado vacuno paralelos al Arroyo Grande que lleva bastante agua debido a las anteriores lluvias que han sido muy abundantes, en el cielo águilas y milanos, y de repente se nos cruzan varias perdices y una nutria por el camino.
La vía se curva junto al arroyo Grande en una dehesa de encinas. El trazado del ferrocarril continúa a base de excavar profundas trincheras o levantar rotundos terraplenes. Con la estampa de la sierra de Guadalupe en el horizonte, cruzamos el Arroyo Grande cerca de un bonito puente de piedra y un molino para recorrer los últimos kilómetros, la ruta gira a la derecha y atraviesa entre trincheras un panorama de pequeñas huertas y explotaciones agropecuarias. Son los primeros indicios de urbanidad antes de encarar la recta final hacia la población de Logrosán adornada por la silueta del campanario.
La vía concluye en la antigua estación de Logrosán, que se concibió como término provisional de la línea. El edificio de viajeros es el que más destaca. Contaba la estación con una placa giratoria motorizada para invertir el sentido a las locomotoras y una toma de agua, aún visible, para alimentar la caldera de vapor.
















