Cuenca es una fascinante joya monumental declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Destaca por su perfecta unión entre arquitectura histórica y naturaleza salvaje, rodeada por las hoces de los ríos Júcar y Huécar. Este entorno geográfico único ha condicionado un urbanismo vertical y laberíntico fascinante. Pasear por sus calles empedradas transporta de inmediato al visitante a una época medieval llena de leyendas, arte y misterios.
El gran icono de la ciudad son, sin duda, las famosas Casas Colgadas. Estas espectaculares estructuras civiles desafían la gravedad al asomarse directamente al abismo del cañón fluvial. Para admirarlas en toda su plenitud, se debe cruzar el vertiginoso Puente de San Pablo. Este viaducto de hierro y madera regala una de las postales más fotografiadas de España.
A pocos pasos de allí, el corazón urbano palpita en la vibrante Plaza Mayor. En ella se erige majestuosa la Catedral de Santa María y San Julián, que nos sorprendió. Se trata de una de las primeras construcciones góticas del país, levantada a finales del siglo XII sobre una antigua mezquita. Su fachada neogótica y la espectacular luz que se filtra a través de sus vidrieras contemporáneas cautivan a los viajeros.
Caminando hacia la parte alta podemos ver los restos de su antiguo Castillo del que queda parte de la muralla y la emblemática Torre de Mangana. Esta última ejerce con orgullo el papel de reloj municipal desde el siglo XVI. Cuenca ofrece un viaje inolvidable entre miradores con vistas espectaculares, callejones llenos de color y un valioso legado histórico que permanece intacto.
En esta ocasión hicimos una visita guiada donde nos explicaron la historia de la ciudad y curiosidades de la misma en un agradable paseo con Lola, por el casco antiguo de Cuenca.
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