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miércoles, 29 de septiembre de 2021

Mérida Sagrada

Nos quedamos en Mérida para celebrar el Día Mundial del Turismo, realizamos la ruta Mérida Sagrada, de la mano de Israel Espino (antropóloga cultural especializada en religiones) de Mérida Secreta. Una ruta que nos llevará por una de las primeras comunidades cristianas de Europa, descubrimos un lugar donde se ocultaban los primeros cristianos que eran perseguidos. En definitiva, una forma distinta de ver esta ciudad.

Comenzamos la ruta en la Basílica de Santa Eulalia, construida a partir de la reconquista de la ciudad, en 1230, sobre los restos de una antigua basílica paleocristiana, en la planta de la basílica aún pervive la estructura de la primitiva iglesia de época visigoda. Uno de los elementos más destacados del templo, de estilo románico, es la puerta abocinada, con arco de herradura al que se adosan arquivoltas y columnillas decoradas con motivos vegetales y aves. Son estas aves las que conectan un posible templo de cibeles en este lugar y que sería su origen primigenio. Tiene planta basilical con tres naves y cabecera tripartita de ábsides semicirculares, donde la nave principal mide aproximadamente quinientos metros. Destacan las capillas laterales al altar mayor y la puerta derecha de la fachada en estilo románico. 

Basílica de Santa Eulalia

Motivos de Aves en columnillas de la puerta

Las excavaciones en el subsuelo de la Basílica realizadas desde 1990 sacaron a la luz el recinto subterráneo hoy visitable. En esta Cripta aparecieron importantes restos romanos y visigodos dónde destacan los vestigios del primer Mausoleo de la Mártir de Santa Eulalia. A esta dedique una entrada "CRIPTA BASÍLICA SANTA EULALIA".

En el exterior se conserva el famoso "Hornito" construido en honor de la mártir Santa Eulalia, con los restos de lo que fuera un templo clásico rematado por ornamentos barrocos, dedicado al dios Marte. De los restos del templo a Marte se conservan parte de un una cornisa y friso en el que puede leerse MARTI SACRVM VETTILIA PACVLI (consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Paculo) y algunos dinteles y pilastras.


Hornito

Dejamos la Basílica y nos dirigimos a la Plaza Joan Miró donde se encuentra el Obelisco de Santa Eulalia,  fue erigido en 1633 en honor de la mártir patrona de Mérida. Se emplearon en su construcción diversos materiales entre los que destacan piezas romanas, como tres aras cilíndricas y un capitel corintio, coronando el conjunto colocaron la imagen de la mártir con un togado. Cuenta una leyenda que se remonta al siglo XVII que cuando el pueblo de Mérida se portaba mal o cuando se avecinan sobre la ciudad grandes desastres y calamidades la imagen misteriosamente giraba 180 grados sobre si misma y se colocaba mirando hacia su iglesia y dando la espalda a la ciudad. Se tiene constancia de que se volvió por primera vez en el siglo XVII, cuando una gran epidemia de peste asoló gran parte del oeste peninsular. En 1936, año de comienzo de la Guerra Civil Española la imagen volvió a rotar, dándole la espalda a la ciudad de Mérida. La realidad se descubrió posteriormente y es que la pieza que conecta la cabeza con el cuerpo al enfriase se contrae y cogía holgura, de forma que con el viente la cabeza se movía.

Obelisco de Santa Eulalia

En la Sala Decumanos situada en la confluencia de la Calle Santa Eulalia y la Puerta de la Villa entramos para conocer la primera Domus Eclesiae de todo el Imperio Romano. Las primeras comunidades cristianas se reunían en casas particulares para celebrar su ritos y adoctrinar a los jóvenes aún no bautizados, en este lugar lo que se observa son los restos de la cisterna de la casa reformada para uso religioso. El hecho de estar ocultas hace pensar a los historiadores que las liturgias celebradas aquí eran clandestinas, con esto, se ha fechado en uno de los periodos de persecución cristiana, entre mediados del siglo III y principios del siglo IV. En las excavaciones apareció un crismón, que fue el símbolo más utilizado por los primeros cristianos para identificar los espacios dedicados a la liturgia. Un lugar desconocido que hemos tenido la oportunidad de descubrir.

El antiguo Convento de Jesús, actual Parador de Turismo de Mérida, se construyó en 1725 para cubrir la necesidad de conventos y hospitales en una ciudad asolada por las guerras con Portugal y las epidemias. El convento-hospital fue administrado por los Hermanos de la Orden Hospitalaria de Jesús Nazareno hasta su desamortización en 1839 cuando pasó a ser de propiedad municipal y destinado a diversos usos hasta que, en 1933, fue inaugurado como parador de turismo con apenas veintisiete habitaciones. Constructivamente es un edificio de barroco clasicista por lo que su fachada lejos del recargamiento de ese estilo sorprende por su limpia sencillez solo rota por una puerta enmarcada por pilastras bajo un frontón triangular, óculos cuadrilobulados y dos escudos de piedra: uno, el de la orden hospitalaria, el otro que señala que el convento fue de patronato real. Sobre ella, dos espadañas muy visibles desde la plaza que sirve de acceso al parador. 

En el interior, el convento contaba con una iglesia situada junto a una espaciosa enfermería, celdas, una gran cocina, amplios corredores, claustro y huerto. El edificio actual ha conservado, aunque transformados, los principales elementos aunque hubo que ampliar y crear pabellones nuevos que modificaron zonas secundarias del edificio. El Jardín del Parador, llamado "Jardín de Antigüedades" en su momento, fue el la simiente del primer museo de arte romano, Fray Domingo recogía los restos que iban apareciendo antes de que se deteriorasen y lo llevaba al Jardín de Antigüedades, hoy quedan algunos elementos que se pueden ver. 

Fachada del Parador


Nos desplazamos hasta el Convento de las Concepcionistas, fue fundado en 1588 y ha sido el único que se ha mantenido como convento. Se puede apreciar dos portadas renacentistas de tradición gótica adornadas, posteriormente, con motivos barrocos. Las monjas que ocuparon este convento de clausura, "Las monjas encerradas" se trasladaron a un convento de la provincia de Sevilla a finales de 2009. Con su traslado se terminó con las numerosas tradiciones emeritendes: los dulces de "las monjas", sus voces cantando al paso de las procesiones y, fundamentalmente, el recibimiento al alcalde de la ciudad, cada 8 de diciembre, para renovar el voto que desde 1620 la corporación emeritense realiza para defender que "la Virgen fue concebida sin pecado original".

Convento de las Concepcionistas

La siguientes parada es la Iglesia de Santa Clara, actualmente alberga la Colección de Arte Visigodo de Mérida, es una de las mejores obras del barroco clasicista con que cuenta la ciudad de Mérida. La Iglesia formaba parte del antiguo Convento de Santa Clara, mandado a construir en el siglo XVII por iniciativa del emeritense Lope Sánchez de Triana. Tras la desamortización, el convento sería objeto de usos varios, en 1838, fecha de constitución del museo, la iglesia se cedió para depósito de antigüedades. Se trata de un pequeño templo con planta en forma de cruz latina y se desarrolla en una sola nave abovedada, con lunetos y cúpula de casetones en el crucero. Sigue una tipología característica de las iglesias conventuales, donde se aprecia una segregación de los espacios destinados a la clausura. Hoy, dentro de las piezas que se exponen encontramos la Placa Fundacional de la Concatedral de Santa María, que será nuestra siguientes parada en la ruta.

Iglesia de Santa Clara

Placa fundacional de la Concatedral de Santa María en la Colección de Arte Visigodo

La actual Concatedral de Santa María se levanta, según las investigaciones de importantes arqueólogos e historiadores, sobre la que fuera Catedral de Santa Jerusalén, sede del arzobispado visigodo de EméritaCon la invasión árabe de la ciudad, la comunidad cristiana de Mérida se ve obligada a abandonar la población llevándose consigo las reliquias de la iglesia emeritense, entre las que se encontraban las de la mártir Eulalia. La irrupción de las tropas árabes en la ciudad traerá consigo la pérdida, en un principio provisional, de la sede metropolitana de Mérida. Posteriormente, bajo el pontificado de Calixto II, por bula de 28 de febrero de 1119, la Sede emeritense fue trasladada a Santiago de Compostela. En 1230 comienza la construcción de una capilla dedicada a Santa María sobre las ruinas de la seo visigoda. En el año 1479, Alonso de Cárdenasmaestre de la Orden de Santiago, ordena la ampliación de dicha capilla dando forma, de este modo, al templo actual, con el fin de convertirlo en la Iglesia Mayor de la ciudad. En 1994, con la Bula Universae Ecclesiae del papa Juan Pablo II, mediante la cual se restituye el antiguo arzobispado emeritense con el nombre de Mérida-Badajoz, el templo de Santa María obtiene la dignidad concatedralicia.

La concatedral, de planta rectangular, consta de tres naves (la central, dos veces más ancha que las laterales), separadas por pilares de sección cuadrada, con una columna adosada en cada frente sobre la que apean arcos apuntados. La cubierta de las naves, originariamente de armadura mudéjar, es de bóveda de aristas.

Concatedral de Santa María 

Leyenda del  "El Tesoro de Santa María"

Entre las leyendas que encierra la actual concatedral, destaca aquella que atribuye al templo como depositario del perdido Tesoro del Templo de Jerusalén.

Según las crónicas del historiador árabe del siglo X, Ahmad al-Razi, durante la conquista de Al-Andalus, se halló en uno de los templos de la ciudad de Mérida parte del Tesoro de Jerusalén, conseguido durante el saqueo del Templo de la Ciudad Santa por Nabucodonosor. Junto al monarca babilónico, había participado en el saqueo Isban, rey de Al-Andalus, quien traería parte del botín a MéridaEntre estos tesoros se hallaba, según citan todos los eruditos árabes, una misteriosa piedra de luz, "la alquila", que alumbraba la concatedral, en la que se guardaba, sin necesidad de lámparas, un cántaro de aljófar lleno de perlas que fue entregado al califa de Damasco, y después a su sucesor Suleyman, quien la colocó en la mezquita junto a la llamada Mesa de Salomón, de esmeraldas y piedras preciosas, también procedente de Mérida.
Las crónicas cuentan, que años después de la conquista de la ciudad, uno de los clérigos del antiguo templo metropolitano, aún destinado al culto cristiano, narraba cómo los árabes entraron en la ciudad llevándose una piedra que hallaron puesta debajo de un crucifijo, que esparcía tal claridad que se podía rezar las horas canónicas sin otra luz que la esparcida por ella. En cuanto a la legendaria Mesa, hay tantas descripciones como cronistas del mito. Según el Ajbar Machmua, una crónica bereber del siglo XI, es una mesa «cuyos bordes y pies, en número de 365, eran de esmeralda verde» y Al-Macin asegura que estaba «compuesta por una mezcla de oro y de plata con tres cenefas de perlas».

Y aquí finaliza la ruta que nos ha llevado a descubrir una Mérida desconocida, llena de historia y leyendas, que he querido trasladar en esta entrada.

Más fotografías de esta Ruta por Mérida 

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